domingo, 2 de agosto de 2020

POEMAS


NOSTALGIA
Días de mi juventud que retornan,
copos de nieve sobre la nieve
de un gris y frío invierno que llora
los luminosos días de aquel pasado perdido.

Saudades de otros tiempos evocados,
morriñas gallegas de mi herencia galaica,
hojas caducas de un bosque de otoño
encarcelado en mi pecho siempre están.

Amarga miel que rezuma tangos.
Tristezas de bandoneón que nunca fueron.
En tropel vertiginoso se amontonan en mis puertas,
entren y salgan, por favor, ya no los quiero.

AFECTO
Atajos de trompos y bolitas,
el barrio de barriletes azules
¡A los cerros, a los cerros!
Cubiertos de rezumantes jarillas y breas en flor

Puedo regresar un millón de veces
a los instantes únicos, los afectos
de aquella niñez inigualable y mía
clavada en mi corazón infante

Regreso, y regreso, una, mil veces,
los aromas me esperan deseosos
las montañas me reciben erguidas
¡Ay, terruño querido como me dueles en el pecho!

PIEDAD
Ese es el rostro moreno que extraño,
piel índica de remotos continentes.
Bienhechora Providencia, tan lejos de casa
tu piedad nos impregna

Alma de pasión inagotable
estas ahí para nosotros los sufrientes.
¡Dios, qué cerca y lejos estás!
Cordero soy de tu rebaño eterno.

Nada es tan real como tu amor.
Padre, padre, padre, cuida tu rebaño,
nada es tan poderoso como tu aliento,
piedad, piedad, piedad, hermano Sol.

DESEO
Camino apartando hojas del otoño nuevo,
extraño esas alamedas llegando al horizonte,
y esos arroyos plenos de alma de glaciares
de aguas duras, claras y cantoras.

Camino y camino, no sé qué busco,
tal vez la adolescencia atolondrada,
o quizás mis afectos olvidados.
Llévame, camino, hacia el sol y el vino compañero.

¡Camino, ay camino, regrésame a mis cerros,
qué deseos de trepar a ellos tengo!

TERNURA
Hoy, en la tierra, todo gira como debiera.
La tibieza del aire acarrea todos los aromas.
El sol que no lastima entibia con ternura.
Las piedras del sendero muestran el camino.

Hoy, hasta el más humilde arbusto,
canta su esplendor de flores y espinillas rojas,
los abejorros zumban despreocupados,
la brisa afina en los totorales.

Allá arriba, en los algarrobos viejos,
las chicharras nuevas gritan el verano,
en sus troncos rugosos de esperar,
Dios puso hoy todas sus ternuras en el monte.

ANSIEDAD
Otro día sofocante en el desierto
El pavimento derretido corre hacia la zanja
Bajo mis pies el calor crece aún más

No hay piedad de sol abrasador.
Gruesas gotas de sudor ruedan por mi cara
Tú haces que el aire esté tan pesado.
¡Agua fresca de la noche!

Quieto como mosca en invierno,
escucho las campanas de la iglesia dando la hora,
una tormenta de verano ciertamente me aliviaría.
Tomo otra ducha refrescante
Tratando de mantener viva mi mente.

Tanto calor, los cielos en fuego.
Es tan caluroso que los pájaros no cantan.
Desearía poder nadar
en agua fresca de la noche.



miércoles, 22 de julio de 2020

ENTREVISTA A HORACIO QUIROGA (FICCIONAL)


ENTREVISTA A HORACIO QUIROGA

H
oracio Quiroga es considerado uno de los cuentistas latinoamericanos más influyentes, si no el mayor de ellos. Goza en vida de una gran reputación y todos sus libros tienen gran popularidad en las librerías de Buenos Aires. Algunos de sus cuentos se utilizan en los colegios como material de lectura y los niños aprenden la lengua con sus historias. Uno de ellos, quizás el más popular, sea Cuentos de la Selva.
El escritor posee una áspera personalidad y es un tanto adusto, poco afecto a los reportajes. Estamos en enero de 1937 y el periódico en que trabajo hace un año me encomendó una gloriosa misión: entrevistar a Horacio Quiroga quien desde principios de mes se halla internado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires. Lo teníamos al alcance de la mano y el cuadro clínico de Quiroga, prostatitis aguda, no era tan invalidante para importunarlo con una charla literaria. Las influencias del periódico se habían puesto en marcha para convencer al célebre escritor y a las autoridades del hospital. Para mí se abrían las puertas del paraíso. Con solo un año de redactor júnior se me daba esta oportunidad y no había forma de quitarlo de mi rostro y de mi pensamiento.
Mi jefe me había dado bastante libertad en la elección de los temas a tratar y bajo este amplio paraguas, yo me había dedicado a centrar mi indagación en la rica personalidad creativa de Quiroga, ajena a la literaria. Sus habilidades manuales y su destreza para varios oficios me cautivaban y además estaban en penumbras literarias en ese momento. Baste decir, para comenzar, que a los dieciocho años se interesaba profundamente por la literatura, fotografía, química, mecánica y ciclismo. A esa edad fundó la Sociedad de Ciclismo de Salto (Uruguay), de donde era oriundo, y realizó un viaje en bicicleta de 120 km hasta la ciudad de Paysandú. En cuanto a la mecánica, luego de su jornada en el colegio secundario, pasaba horas en un taller familiar reparando máquinas y herramientas.
—Buenas tardes, profesor Quiroga— dije con un tono distendido pero poco convincente —. Es un enorme placer conocerlo y un honor que me privilegie con la posibilidad de entrevistarlo. Sé que no se encuentra en buen estado de salud y me halaga aún más que me reciba en estas condiciones.
Quiroga no dijo una sola palabra. Solo se entretuvo en juguetear con su pipa y a mirar hacia abajo.
—Profesor, antes de entrar en tema me gustaría explicarle en que he basado mi cuestionario. Es muy conocida su actividad literaria pero no tanto se conoce de su vida particular y allí pienso enfocarme. Si tuviese algún inconveniente o no desea tocar algún tema en particular me lo hace saber y cambiamos de rumbo. ¿Le parece bien mi enfoque?—. El gran Quiroga, impertérrito, no dio señales de ningún tipo, pero creí entender que su silencio era una aprobación. Junté todo el aire que mis pulmones me permitían y me largué a la arena.
—¿Qué lo indujo a crear la Sociedad de Ciclismo de Salto? —el escritor se tomó su tiempo para reflexionar y encendiendo la vieja pipa —creo que fabricada por el mismo— comenzó a hablar. Sin preámbulos de ningún tipo fue directo al grano.
—Creo que fue una mera coincidencia de circunstancias mecánicas. En aquel entonces yo pasaba muchas horas en el taller de mi tío y me entretenía reparando bicicletas. Un día construí una, con rezagos rejuntados del taller y estaba dispuesto a probarla en una travesía que hiciese historia en la ciudad. Me pareció necesario entonces crear la Sociedad para que todo tuviese la seriedad que merecía la aventura, dado que yo era muy joven y sin ningún pergamino en el ciclismo. Seguramente fue una de mis primeras aventuras juveniles en la cual yo deseaba probar mi máquina antes que lograr un record de distancia. Y así fue, recorrí la distancia que mediaba entre Salto y Paysandú, por camino de tierra, de un solo tirón y sin un inconveniente mecánico. Un verdadero record ¿no lo cree usted?
—Sin lugar a dudas, profesor. Una aventura muy atrevida para alguien tan joven.
Varios años después, en 1923, cuando solo contaba veinticinco años, su pasión y conocimiento de la fotografía, le permitió conocer y acompañar a Leopoldo Lugones en una auditoría que este iba a realizar a las ruinas jesuíticas de la provincia de Misiones en nombre del Ministerio de Educación de la Nación. Esta experiencia lo cambió para siempre cuando descubrió la feroz belleza de la selva misionera a quien consagró gran parte de su vida y de sus pasiones.
—Y que podría contarme de sus aventuras junto al gran Leopoldo Lugones en la selva misionera—. Aquí, el semblante de Quiroga se iluminó y le brillaron los ojos.
—Ah, eso fue maravilloso y el comienzo de mi segunda y verdadera vida. Me enamoré al instante en que puse un pie en esa tierra colorada y esa pasión, de hecho, me trajo miles de alegrías pero cientos de penurias.
Su rostro se ensombreció súbitamente y se volvió torvo. Tuve la certeza de que el camino había tomado otro rumbo y no quise seguir transitándolo.
Llegado a la Argentina, en 1902, obtuvo un trabajo docente en el Nacional de Buenos Aires y luego como profesor de castellano en el Colegio Británico. Más adelante, en su aventura «misionera», fue productor de yerba mate, carpintero, constructor, juez de paz, maestro y cónsul. Construyó, con sus propias manos, su bungalow en la selva y también una embarcación de madera con la cual hizo una navegación en solitario hasta Buenos Aires y muchas otras.
—¿Se propuso ser un emulo fluvial de Vito Dumas o su navegación a Buenos Aires fue otra aventura espontanea?
—Para mí las actividades manuales y la literatura fluían en forma paralela. Mi mente, para funcionar a pleno necesitaba de ambas. Una se nutría de la otra. Me encantaba la construcción, la herrería y la carpintería. El bote de vela que construí estaba tan bien diseñado y hecho que decidí mostrarle a la sociedad de que madera estaba construido yo. Así fue como no tuve el menor contratiempo con el bote durante más de mil kilómetros de navegación. Yo era joven y temerario y creo que solo muchos años después tuve dimensión de la hazaña.
Mientras tanto, en paralelo a esta vida plena de acontecimientos, sus actividades literarias nunca se interrumpieron y a pesar de que sus libros fueron éxitos de librería, nunca le alcanzaron para constituirse en la única fuente de su sustento, por lo que debió complementarla con diversas tareas como la de Cónsul del Uruguay, maestro y hasta tuvo la suerte de que sus amigos le consiguieran una jubilación argentina.
Sin embargo, la tragedia estuvo presente en su vida desde su nacimiento y no lo abandonaría hasta su muerte. Aunque no quería yo enfocarme en aspectos trágicos de su vida, era imposible soslayar tantos infortunios. Era como si el destino se hubiese encarnizado con este hombre tan productivo y honorable.
A los dos meses de edad presenció el accidente auto infligido que mató a su padre. Años después, su padrastro se suicidó frente a Quiroga cuando este contaba con dieciocho años. En 1901, se disparó accidentalmente, al limpiarla, el arma que empuñaba Quiroga y mató a su mejor amigo Federico Ferrando. La muerte seguía acosando al escritor uruguayo. Dos hermanos mueren por fiebre tifoidea en el Chaco argentino, se suicida su primera esposa y años después su hija Egle y sus grandes amigos Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni siguen el mismo camino.
Frente a este desolador panorama, que puedo hacer yo, un escritor muy joven y novato, para rehuir tanta tragedia y dedicarme ingenuamente a los aspectos más triviales marcados al comienzo. ¿Qué podría preguntarle?: ¿Cuánta influencia piensa que su trágica vida ha tenido en su obra literaria? Tal vez no haya otra pregunta tan trillada como esta en toda la crítica literaria argentina. Además, se ha debatido el lóbrego tema hasta el cansancio.
¡Debo aceptarlo, soy un cobarde! ¡Con mayúsculas! Este rico diálogo inconcluso solo existió en mi imaginación, nunca ocurrió en realidad. Me perdí la gran oportunidad de mi vida, dejar de ser un gris reportero a convertirme en “EL” periodista que habría entrevistado al gran Horacio Quiroga.
Estamos en enero de 1937 y hace un calor agobiante. Tenía la cita pactada para el 18 y me sentía sumamente aterrorizado por el suceso. No me sentía a la altura de las circunstancias. Él es el mejor cuentista latinoamericano, enfermo y muy delicado. Yo no soy nadie.
El 18, día de la cita, hice lo más honroso que podía hacer en ese momento: ahorrarle al gran maestro tener que revivir momentos trascendentales y trágicos al mismo tiempo de su obra y de su vida, ambas íntimamente fusionadas. Se suele definir a su obra como «poéticamente autobiográfica». Entonces hice lo más noble que pude concebir… no me presenté al encuentro.
El 18 de febrero, un mes después, sabiendo ya que su enfermedad era terminal, el supremo cuentista del Plata se suicidó ingiriendo cianuro. El mismo año, lo hizo su hija y al año siguiente siguieron Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni.
Soy Carlos González, trabajo ahora en un periodicucho de barrio y hago notas de variada índole y dudosa calidad. Un enero de 1937 estuve a milímetros de la notoriedad, pero no tuve las agallas ni el talento necesarios. Han pasado varios años de aquel infortunado hecho que no deja de torturarme. Ahora transcurre el año 1951 y hoy el título de todos los diarios es el suicidio de Darío Quiroga, el otro hijo del gran Horacio Quiroga. La parca no dio respiro al gran escritor ni después de muerto.


martes, 14 de julio de 2020

REGLAS DE SUPERVIVENCIA PARA TURISTAS QUE SE ATREVEN A VISITAR A LA ARGENTINA (VERSIÓN EN CASTELLANO)


REGLAS DE SUPERVIVENCIA PARA TURISTAS QUE SE ATREVEN A VISITAR A LA ARGENTINA
Escritas por un contradictorio nativo que ama a su país pero le disgusta su sociedad

Advertencia: Estas reglas podrán resultarle exageradas, excesivamente sarcásticas y no aplicables a todo el país. Fueron escritas hace algunos años, fundamentalmente para Buenos Aires y algunas pueden parecer anacrónicas y obsoletas. Si usted cree que esto es ficción, entonces no hemos vivido en el mismo país. No obstante, la verdad absoluta no existe y esto que le comento es absolutamente cierto.

1. Como cualquier otro país incivilizado, Argentina tiene demasiadas reglas. Sin embargo, ellas son totalmente ignoradas por su pueblo. Las reglas que se presentarán aquí tienen la intención de entrenar al incauto extranjero como ignorar estas reglas y comportarse con un astuto nativo en vez de un ingenuo y desorientado turista.
2. De aquí en adelante, no le preste la mínima atención a las reglas de la lista. Si la regla parece tener sentido para usted, esa es la mejor razón para ignorarla por completo.
3. La desobediencia a las reglas lleva tiempo y práctica, por lo tanto no se sienta frustrado si su intención genuina es obedecer la regla. Practique ahora mismo desobedeciendo la regla 1 y 2 y ya que está siga hasta el final.
4. En la Argentina, usted puede ignorar, desobedecer, alterar, batallar contra las reglas. Lo que NO PUEDE HACER, por ningún motivo, es cumplir con las reglas.
5. Usar las luces de peligro de su vehículo le permitirá hacer lo que le plazca: estacionar en el medio de la calzada, bloquear la entrada a garajes públicos y privados, detenerse en el medio de la calle principal para charlar con un amigo, etc.
6. Los automóviles son utilizados para asesinar gente. El perspicaz Gobierno aplaude esta iniciativa privada porque ayuda a controlar el exceso de población. A mayor el tamaño de su vehículo, mayores serás sus prerrogativas para violar cualquier regla de tránsito y convivencia.
7. Significado de las luces de tránsito:
      Verde: Avance
      Amarilla: Avance
      Roja: Avance
8. Las bicicletas y motocicletas pueden circular en cualquier dirección de la via aunque este estipulado lo contrario, a cualquier velocidad, por veredas, líneas peatonales, etc.
8a. Ignore todas las reglas anteriores y futuras de este listado. Para sobrevivir en la Argentina ignorar reglas tiene que convertirse en su segundo nombre.
9. Lunes y cualquier otro día de la semana no maneje en el centro. Piqueteros bloquean calles, avenidas, autopistas y aeropuertos.
10. Martes y/o cualquier otro día de la semana, cualquier grupo gubernamental estará de huelga por cualquier razón causando caos en el tránsito y en el movimiento de las personas, así que mejor quédese en casa
11. Miércoles a Martes, uno, dos, tres o más sindicatos le impedirán todo lo que se le ocurra en el centro y suburbios. Es altamente recomendable quedarse en casa.
12. Si usted planea salir a ver sitios turísticos, fíjese primero el calendario turístico de protestas, huelgas, piquetes, bloqueos de caminos y otros desmanes que el inútil Ministerio de Turismo ha preparado para su confortable estadía.
13. Cualquier buena idea que le venga a la cabeza mientras esta en la Argentina será esterilizada en segundos en el preciso momento que la confronte con la vida real de este irreparable país.
14. Antes de salir a pasear piense cuidadosamente si es absolutamente necesario. Cualquiera sea su decisión, mejor quédese en casa. Mirar televisión es una seria amenaza para su salud mental. Mejor lea una guía turística de la Argentina.
15. No use joyas, relojes caros o ropa costosa mientras camina por las calles que tienen ese no sé qué. Es altamente recomendable que usted parezca un vagabundo y luzca y huela mal. No se bañe ni cambie de ropa durante toda su estadía en el país.
16. Tenga cuidado de los policías. Son lobos con piel de cordero. Si usted necesita un policía en Buenos Aires, usted está bien jodido. Quédese en casa mirando videos de Argentina. Es más seguro y barato.
17. Manejar en la Argentina se considera una guerra. Sus enemigos serán camiones, ómnibus, automóviles, motocicletas, bicicletas y peatones. Siempre, pero siempre, mantenga una actitud agresiva al volante en contra de sus enemigos. Los heridos en combate son daños colaterales así que no entre en pánico si atropella a un indefenso peatón. Solo escape del lugar del hecho y pretenda que nada ha pasado. En el extremo caso de que sea atrapado el sistema legal lo protegerá al mismo tiempo que abandona totalmente a la víctima.
18. En vez de bailar tango u otra gansada, pruebe el otro pasatiempo nacional: el robo. Practique hurtando pertenencia ajenas pequeñas de los negocio, kioscos, shopping malls y supermercados. Luego de algunas semanas de hacer esto, estará calificado para practicar leyes en la Argentina.
19. Las suelas de su calzado son particularmente importante en la “Reina del Plata” (un pretencioso nombre de Bs. As). No use suelas tipo tractor. Cuando pise mierda de perro, y créame, tarde o temprano lo hará, pasará una semana quitando el cremoso excremento de las intricadas partes de la suela.
20. La basura y otros objetos de desecho son usados por los argentinos de una manera única y creativa. Calles, avenidas y el campo son hermosamente decorados con gran imaginación e inspiración artística. Por lo tanto se le exigirá que no guarde basura en sus bolsillos o la tire en los recipientes para tal fin. Allí donde fueres, haz lo que vieres. Descargue todo su potencial creativo y deshágase de todo lo que pueda. Tenga en cuenta que haciendo esto no está ofendiendo al país. Todo lo contrario, usted estará ayudando a millones de nativos a crear arte en todos los rincones del país.
21. La cara de culo. Pruebe exhibir sus peores e inimaginables modales cuando se suba a un ascensor. Si usted se sonríe, dice hola, “hi” o “hello”, puede ser acusado de terrorista, drug dealer o demente.
22. Las palabras disculpe, perdón, por favor, me equivoqué y gracias, SÍ existen en la lengua española. No obstante le recomiendo que no las use durante su estancia en la Argentina a menos que quiera ser reconocido como un infeliz e ingenuo extranjero. Le recuerdo que los forasteros son considerados de alto riesgo para el famoso truco de la mostaza. Este habitual acto de sustracción es sumamente frecuente y no necesita ser explicado. Si usted no lo conoce, lo lamento. Solo espere a caminar por las calles de Buenos Aires.
23. Ignore todas las precedentes y subsiguientes reglas. Finja que las conoce pero ni se le ocurra ponerlas en práctica.
24. Esta es la madre de todas las reglas: Las reglas no tienen ningún sentido, son hechas por descerebrados y constituyen una gran molestia para todos. Ellas fueron creadas para ser desobedecidas. Su individualismo, egoísmo y autonomía prevalecen y anulan cualquier estúpida norma.
25.  Los carteristas son gente cordial y amable. Ellos trabajan calladamente, hacen su trabajo limpiamente y cooperan con la policía. Siempre lleve algo de dinero en sus bolsillos. Si ignora este consejo los podría enojar y sufrir entonces un gran daño.
26. El juego de “no tengo cambio”. Cuando vaya de compras y piense pagar en efectivo porque el cambio en negro seguramente lo favorecerá y esto es inequívoco sin importar el momento en que usted este viajando a este inexplicable país, siempre lleve billetes y monedas de varias denominaciones en sus sitios ocultos de su calzoncillo o brassier. Esta es una seria advertencia. Si usted piensa que el vendedor es quien debería tener cambio, está completamente equivocado. En la Argentina el comprador es el que siempre, repito siempre, debe tener cambio. De otra manera corre el riesgo de sufrir la respuesta colérica del vendedor.
27. Si luego de leer estas reglas usted todavía insiste en visitar la Argentina, lamento informarle que se merece la terrible bienvenida que el país tiene preparada para usted.
28. Si le encanta jugar a la ruleta rusa y se encaprichó en tener una vista previa del infierno, venga a la Argentina de todos modos. Las estadísticas, siempre retocadas por cierto, afirman que solo uno de cada dos visitantes recibe un maltrato cuando visita el país. Si tiene mucha, muchísima suerte piense que puede ser usted uno de los raritos con riesgo cero. Piense que algunos países de África son peores, pero no mucho.
29. Los argentinos son gente amable, afectuosa, alegre y cordial. A la distancia. Cuando usted se acerque a ellos agradecerá haber contado con estas reglas para venir preparado y me lo agradecerá.
30. La última regla. Lea estas recomendaciones cuidadosamente y venga a la Argentina atento y dispuesto para lo inesperado. Este país, como lo repite hasta el hartazgo la historia, puede cambiar inesperadamente sin previo aviso y moverse en cualquier dirección, sea esta ideológica, social o política. En este caso, todas estas reglas se volverán obsoletas al instante y cualquier cosa que intente hacer se volverá en su contra. Burundi, Burkina Faso y Nigeria ofrecen mejores perspectivas de turismo, más seguras y más baratas. ¿Por qué entonces sigue empecinado en visitar a este bruto país? ¡Me parece que subestimé su pelotudez! En fin, piénselo diez, cien veces antes de ir a la agencia de turismo y comprar ese traicionero paquete turístico. ¡Se lo advertí!