miércoles, 26 de agosto de 2020

AUTODESTRATO (AUTORETRATO DE YO)

 

 AUTODESTRATO

T

uve consciencia de mi contundente fealdad física a los doce o trece años. Las hormonas tuvieron un segundo alboroto por esos años de comienzo del colegio secundario cuando las chicas comenzaron a asemejarse al sexo opuesto y caímos en la cuenta que sus caras y cuerpos nos atraían. El primer bullicio endócrino fue años atrás, a los ocho, cuando con los amigos nos escondíamos en alguna obra en construcción a ver pasar chicas y hacer comentarios libidinosos sobre ellas. Y algo más también.

No sé qué pasó en mi vida entre bullicio y alboroto pero las hormonas parece que estuvieron durmiendo durante todo ese lapso. En la secundaria, comencé a mirarme en el espejo para ver que podrían ver las chicas en mí y descubrí que me odiaba de pies a cabeza. Quiero ser metódico con mis recuerdos y por lo tanto comenzaré la odiosa disección de norte a sur. En la parte de arriba, mi cabeza era aparentemente normal si se la miraba de frente, pero de perfil tenía una chatura en la nuca que me anticipaba lo mal que comenzaba mi entidad. Cabello bien rubio, normal; al final del apocalíptico inventario anatómico, creo que mi cabellera era lo único normal. Sin embargo, no podía enorgullecerme de ella porque en el Liceo Militar General Espejo de Mendoza, donde estaba haciendo la secundaria, nos pelaban con fiereza para que nos quedara claro a nosotros y a los demás, que éramos “cadetitos tagarnas” (“tonto, inepto”, en el argot militar) que nos merecíamos ese corte-castigo por alguna falta a punto de ser cometida. Mis orejas, largas y puntiagudas hacia arriba, se separaban de la cabeza más de lo necesario y mucho más de lo que yo admitía. La cara, en su totalidad plena, abundaba en un acné furibundo y apenas las cejas escapaban a la feroz plaga. Pómulos y mentón algo desperfectos, pero la nariz sobresalía, brillaba por su descarada presencia; se ubicaba muy por delante del rostro y amenazaba con meterse en la nariz de la pobre chica que se animase a bailar con el adefesio. ¡Maldita herencia de mi lado materno: mi “naso” era un duplicado perfecto de una berenjena de buen tamaño e igual a la mis tíos maternos, los hermanos de mi mamá, quién también tenía lo suyo! Del cuello a la cintura no presentaba deformidades, pero al llegar al paralelo de cincuenta grados, o sea las piernas, todo se pudría mal. Una chancha preñada podría haber pasado entre ellas sin que yo lo notara, tal la comba exterior de mis aterradores miembros inferiores. Para concluir, en el extremo más austral de mi contrahecha humanidad, mis pies aparentaban normalidad pero despedían una pestilencia que los libros de medicina describían como un “hediondo e intolerable olor a pata”.

Aunque este triste y patológico paisaje podría fácilmente ser desacreditado considerando la común y feroz autocrítica de los adolescentes, mi caso era uno en un millón y yo estaba plenamente convencido de mis impiadosas observaciones. Así fueron pasando los años y yo acarreando ese cuerpo deforme y la pesadísima mochila de la autoestima cero, en el tope de la escala sismológica de Richter. No se puede construir un rascacielos con arena de la misma manera que no se puede formar un ser humano acabado, con escasa estima por sí mismo. La pila de fracasos sentimentales y de otros tipos se fueron acumulando con el avance del calendario hasta que mi sentido común nació en mí ser y me condujo al diván de un terapeuta de la mente, varios de ellos en diferentes momentos por cierto. Estos aprendices de brujo fueron ayudando al pobre varón a reconstruir una imagen más real de sí mismo y a percibir el mundo de una manera más benigna.

Ahora, en el dulce otoño de mi existencia, la lucha ha cesado y otra imagen es la que me devuelve el espejo. Veo un rostro de rasgos sobresalientes pero armónicos. Las orejas y la nariz no son pequeñas pero encajan bien en mi cara. Mi barba candado hace buena amistad con mis ojos celestes y con mi tupida cabellera, otrora dorada, donde ahora predomina el blanco. La boca pequeña y de labios finos, con una inclinación hacia el naciente, habla poco o mucho, como las circunstancias manden, pero no lo hace al bledo o sin razón. Los ojos claros y algo hundidos en sus orbitas se olvidan de observar lo obvio y solo escrutan lo invisible.

Reflexiono acerca de mi pasado y me enorgullezco de lo que pude construir con un minúsculo arroyito de virtudes y un Amazonas de defectos y carencias, imaginarias o reales, da igual. ¿Cómo respondería ahora a un cuestionario que podría hacerme alguno de mis pasados terapeutas, parientes o amigos, quienes me ayudaron a mejorar? Imaginemos algunas de esas preguntas posibles.

¿Qué prefiero de mí? Mi temperamento sereno y comprensivo es tal vez lo primero. Mi humor y gracia para contar cuentos y chistes, alegrando las reuniones con amigos. Mi capacidad para imitar los distintos acentos del hablar de la Argentina y de otros países. Interesarme sinceramente por los demás tratando de conocer sus vidas en profundidad, pero sin un gramo de crítica. Saber halagar al que se lo merece.

¿Qué me produce rechazo? La intolerancia y los fanatismos. El carácter agrio de los iracundos y el insoportable exterior de los “sabelotodo” y pedantes. No hay mucho más para agregar. Tal vez la estupidez de los humanos de no aceptarse como seres emocionales y pensar que toda la especie es racional. ¿Será por eso que cometemos una y mil veces los mismos errores? Nada de lo humano me es ajeno ni extraño, ni incomprensible y por lo dicho acepto la maldad del hombre como su estado natural.

¿Qué hago al despertar? Agradezco a Dios y al padre Ignacio de Rosario por el nuevo día y por los dones con que fui gratificado en mi vida. No soy católico prácticamente pero digo mis plegarias al Creador todos los días. Soy creyente a mi manera. Como científico, durante gran parte de mi vida se opusieron dentro de mí dos fuerzas poderosas, el creacionismo y el evolucionismo darwiniano. Finalmente “decidí, opté” por creer en Jesús a través de la intercesión del padre Ignacio, pero por formación, creo también profundamente en la teoría evolucionista.

¿Qué me atrae más de la noche? Muy pocas cosas. No soy en absoluto un individuo noctámbulo. La noche es mi momento más débil. Para mí es el momento de descanso del cuerpo y de la mente. Es cuando se presentan los fantasmas de otras épocas, los dolores, los malos pensamientos y la fatiga, madre de muchos males.

¿En qué lugar desearía vivir? En cualquiera, donde el respeto al prójimo sea la ley primera. Donde los ancianos sean valorados y cuidados. Donde exista igualdad plena entre hombres y mujeres. Donde la ley del más fuerte se haya extinguido hace mucho tiempo y donde una mariposa reciba el mismo trato y amor que una mascota.

¿De qué hablo conmigo mismo? De mi familia, de mis nietos. Luego, de proyectos, cosas por hacer, caminos por recorrer. Generalmente hablo en silencio pero ocasionalmente lo hago en voz alta cuando ejecuto alguna rutina y encuentro placer en ello.

¿Qué es para mí el invierno? Es el momento de la introspección. Los sabios árboles envían la savia a la base del tronco y raíces. La vida pierde color y ritmo pero el invierno es vital para la fauna y flora de los climas templados. Me alegra vivir en un lugar con las cuatro estaciones bien definidas. El invierno es además, la estación que sigue al otoño, mi estación favorita.

¿Qué detesto de mí? Por suerte, y creo que por la sola razón de mi edad, no hay nada ya que deteste de mí. Sí, hay cosas que no me gustan y que desearía cambiar. Soy egoísta y manejo con mucha dificultad el ridículo. Me comprometo con muy pocas cosas y no festejo lo suficiente mis logros. No amo con la intensidad que quisiera y uso muchas mentiras piadosas. Sin embargo, detrás de todos estas cosas sigue existiendo un hombre que trata de cambiarlas, hoy, mañana, y hasta el fin.

¿Qué diría un vecino de mí? ¿Habrá pagado este pelandrún las expensas? A esa camisa barata ya se la vi puesta ayer, y el pantalón dos medidas más grandes, también; me parece que a este tipo la moda le importa un pito. ¿Qué edad tendrá el vejete? Yo diría unos sesenta y algo, ¡está hecho pelota el tipo! Le debe cortar el cabello alguna tía con cataratas al pobre, que desastre. Y es una lástima porque tiene lindo pelo. Bueno, al final no sé porque me preocupo por un don nadie del edificio. No viene a las reuniones de consorcio ni a palos y después le reclama cosas a la administradora. ¡Anda a cantarle a Gardel, perejil!

¿Qué diría mi padre de mí? ¡Cuántas cosas heredó de mí Huguito! Tardó en descubrirlas pero están bien claras. Su timidez y parquedad de joven, sus miedos. Ahora se lo ve bastante bien y, por suerte, mejor que yo. A pesar de los defectos que aún arrastra, lo veo una persona íntegra y honesta. Ésta era una de mis herencias más deseadas. Espero además que sea muy feliz. Adivino en su rostro que lo es.

¿Qué diría un desconocido de mí? Aquí viene un relicto de la vieja alemanada de Villa Ballester. Rubio, canoso, ojos celestes, alto y con cara de ario. Qué lástima que esos tiempos son pretéritos en el barrio y en el país también. Eran aquellos tiempos de orden y mayor uniformidad étnica y social. Ahora está todo muy mezclado y no hay códigos de ningún tipo. Por lo menos eso es lo que pensamos las personas mayores del barrio, que supimos ver épocas mejores. Suena como discriminación, y es discriminación pero la inseguridad y la desigualdad social nos ha cambiado y nos hace desconfiar mucho de algunos estereotipos ya conocidos. ¡Chau, Otto, me hiciste volver unos años atrás y por eso te lo agradezco!

 

EL LOBISOME (RELATO LEGENDARIO)

 EL LOBISOME

Antes de ingresar al relato, creo necesario hacer un resumen acabado de este cuento porque no coincide con las creencias más comunes que transitan por el país acerca del lobizón o lobisón, las cuales son más parecidas a la leyenda internacional del hombre lobo. La leyenda del “lobisome” (incluida con esa curiosa grafía en el libro Supersticiones y leyendas, Región misionera, Valles calchaquíes, Las pampas, de Juan B. Ambrosetti. Ed. Emece, Bs.As., 2001, 187 págs.) es obviamente europea, adaptada por cierto a la idiosincrasia local.

El lobisome es la condición fatal del séptimo hijo varón consecutivo y si es la séptima mujer consecutiva, ella será bruja. Es la metamorfosis que sufre el varón en un animal parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas que le tapan la cara y con las que produce un ruido especial. Su color varía en bayo o negro, según sea el individuo blanco o negro.

Todos los viernes, a las doce de la noche, que es cuando se produce la transformación, sale el lobisome para dirigirse a los estercoleros y gallineros, donde come excrementos de toda clase, que constituyen su principal alimento, como también las criaturas aún no bautizadas. Los perros lo persiguen y combaten pero no pueden causarle daño porque el lobisome los aterroriza con el ruido producido por sus grandes orejas. El encanto cesa si alguien lo hiere. El lobisome recupera su forma humana y manifiesta su profunda gratitud por haber hecho desaparecer la fatalidad que pesaba sobre él. Sin embargo, esta gratitud es totalmente ficticia ya que tratará por todos los medios de exterminar a su bienhechor. De modo que lo mejor, cuando se lo encuentra, es matarlo sin exponerse a esas desagradables gratitudes.

El individuo que es lobisome, por lo general, es delgado, alto, de mal color y enfermo del estómago, pues dicen que dada su alimentación, es consecuente con la afección, y todos los sábados tiene que guardar cama forzosamente como resultado de las aventuras de la noche anterior. Esta creencia está tan arraigada entre alguna de esa gente que no solo aseguran haberlo visto, sino que también, con gran misterio, señalan al individuo sindicado de lobisome, mostrándolo con recelo, y hacen de ese hombre una especie de paria.

Ahora sí, en conocimiento pleno de que es un lobisome, entremos en el relato.

 

EL LOBISOME, LOBISÓN AUTÓCTONO

E

 n Mburucuyá, pequeño pueblo ubicado en el borde de los Esteros del Iberá en la provincia de Corrientes, vivía un apuesto joven llamado Lisandro. Alto, delgado, con rasgos refinados y modales cuidados, el mozo era muy requerido por las muchachas en edad de merecer del pueblo. Sin ocupación a la vista ─vivía con sus padres─ el joven de unos veinte años, paseaba su humanidad con soltura por las calles del pueblo atrayendo las miradas de las guainas y otras mujeres en sazón del poblado.

Sus hermosos ojos, grandes como almendras grandes, tenían un color y brillo especial, se diría que el mismo que tienen las mentes ambiciosas de poder y de grandes emprendimientos. Sus pies grandes, tal vez algo desproporcionados con su altura, le daban un andar atractivo y animal, en el buen sentido de la palabra.

No se podría decir que Lisandro vivía en un lecho de rosas ya que en Mburucuyá no existía tal cosa, pero llevaba una vida cómoda. Sus padres, muy conscientes de que Lisandro era el séptimo hijo varón consecutivo de la familia, lo malcriaban y consentían con la intención de que el maleficio se frustrara. Se esmeraron, muy por encima de sus posibilidades económicas, para que el hijo tuviese una prolija educación.

Como lo establecía el decreto ochocientos cuarenta y ocho del año 1973, Lisandro, era el ahijado del presidente de la Nación y en consecuencia se había hecho acreedor a una beca de estudio muy por encima de los ingresos familiares normales del pueblo. Por ello, había estudiado en Corrientes donde consiguió una considerable reputación de estudiante aplicado y brillante y un título de abogado. El futuro se vislumbraba muy promisorio para el destacado Lisandro.

Sin embargo, una sombra tenebrosa parecía oscurecer los planes que Lisandro y todos sus familiares tenían para él. La descompostura estomacal que el joven presentaba todos los sábados, y su discreta desaparición de los viernes por la noche, ponían en evidencia lo que todos sospechaban, ¡Lisandro era, sin duda, un lobisome! El padrinazgo presidencial no había sido capaz de conjurar el hechizo pero tuvo un efecto de atenuación de éste. No se habían registrado muerte de niños ni de animales en la comarca y eso indicaba a todas luces que las andanzas nocturnas de Lisandro eran bastante incruentas. Se trataba, sin ninguna duda para los habitantes de Mburucuyá, de un lobisome compasivo, que también los había. ¿Por qué no habría de existir si hay de todo en la viña del señor y todos, hasta los más abyectos, son merecedores a ser hijos de Dios y de recibir su perdón? Así, lo había expresado en más de una oportunidad el padre Andrés en su sermón dominical. Conocía a Lisandro de niño y creía en la incapacidad del joven para dañar a otros. Ya veremos que el padre se equivocaba en algunos detalles.

El tiempo fue pasando y Lisandro, el “come carroña”, continuó con sus ambiciosos planes de ascenso social. Se mudó a la capital de la provincia, la ciudad de Corrientes, porque Mburucuyá le quedaba un poco chica para sus propósitos. En la capital, se ubicó en un barrio periférico, pero decente, para continuar carroñando los viernes por la noche según “su costumbre”. Tenía el barrio un perfil bajo lo que también iba de acuerdo con los designios de Lisandro. Ya nada parecía detener el impulso vital de nuestro joven, y su condición de lobisome o carroñero nocturno parecía, de alguna manera, contribuir decididamente con su estrategia de progreso social.

Y así fue como un día, los sorprendidos habitantes de Mburucuyá pudieron leer en el diario una noticia que dejó boquiabiertos a los más escépticos: En las últimas elecciones provinciales, ese joven nativo y admirado del modesto pueblo del borde del Estero del Iberá, había resultado ganador ¡y se había convertido en el gobernador de la provincia!

Lisandro era ahora el “carroñero perfecto”, preparado durante décadas para comer excrementos de animales, estaba ahora listo para pasar a un nivel ecológico superior, rapiñar, robar, despojar, arrebatar, usurpar y apropiarse de los bienes de los ciudadanos. De una forma u otra, la maldición del lobisome se había cumplido inexorablemente.

 

jueves, 13 de agosto de 2020

HORÓSCOPO MAL ASPECTADO, TEMP. 1, EP. 2

 HORÓSCOPO MAL ASPECTADO, temp. 1, ep. 2

Inspirado en libros de Horangel y Ludovica Squirru y definitivamente arruinado por mi pequeñez literaria. Válido para todos los sexos, todas las edades y todos los ingenuos.

A

 RIES

En una subasta comprará un reloj que anda mal y sorpresivamente recuperará el tiempo perdido.

Un amor que creyó perdido retornará a su vida…20 años y 30 kilos después.

Una parienta lejana los visitará fugazmente en su hogar dejando tras de sí la terrible amenaza de volver.

T

 AURO

La parte más bondadosa de su personalidad no aflora aún a la sociedad. Ya es hora…antes de que lo linchen.

Un amigo lo alertará sobre un peligro que lo ronda de cerca. Por instinto, su primer impulso será rondar de cerca a su amigo.

Se acordará de su maestra de cuarto grado y se volverá a enamorar. A la tarde se encontrará con ella en el shopping y ya no se enamorará más.   

G

 ÉMINIS

Los de su signo, jodido por cierto, no buscan razones, buscan excusas para hacer lo que quieren hacer.

Repita conmigo ¡mi vida es una basura y yo soy una porquería! Este es un buen ejercicio de autodestrucción que lo ayudará a comprender las ventajas de la soltería.

Tiene una edad avanzada y aún vive con sus padres. Es momento para independizarse. Amenácelos para que abandonen el hogar.

C

ÁNCER

Día de profunda ingenuidad. Cree que ahorra agua bañándose en pareja y que eso ya lo convierte en miembro vitalicio de Green Peace.

Hoy se levantará contradictorio y agresivo. ¡No a la violencia! ¡Sí a la paz! Y luego agregará: Y al primero que diga que no…le rompo la cara.

No lo ayudará para nada esa calcomanía que acaba de pegar en la luneta de su auto: Colabore con la policía…péguese solo.

L

 EO

Usted es una persona muy complicada, inexpugnable, y se la entiende por el lenguaje de los pájaros: Por intuición o de ninguna manera.

Es cierto que una buena cara es la llave de todas las puertas cerradas. Si sigue así no podrá salir de su casa por una década.

Sea precavido esta centuria. Tenga cuidado con los hombres cuyo Dios está en el cielo.

V

 IRGO

Único día del año para improvisar algo creativo, distinto…trabaje.

Escriba en letras doradas este proverbio, “El martillo yerra a veces; un ramo de flores, nunca”. No, no se lo entregue al herrero, son para su novia.

Usted piensa que es más importante que sus problemas. Infortunadamente la realidad sugiere que usted es un poroto confrontado con sus problemas.

L

 IBRA

Hoy hará honor a su signo y se comportará como un animal plumífero. Haga como la gallina y póngale huevos a la vida.

El único consejo que se me ocurre para usted hoy es: Disfrute del día antes de que un imbécil se lo arruine.

Usted, en el horóscopo chino, es perro de madera. Como tal vive en una repisa y no es humano. No hay nada para usted entonces, sorry man.

E

 SCORPIO

¿Conoce el dicho “Viva rico, muera pobre”? Usted ya es más pobre que una rata y nunca fue rico. Ahora no se tome tan a pecho lo de la muerte y espere un poco.

Hoy amaneció confundido. Toda esta porquería por la que está transcurriendo no es un ensayo general… ¡es la vida!

Los escorpianos son gente muy fogosa. Su proverbio favorito es “Santa María, tú que concebiste sin pecar permítenos pecar sin concebir”

S

 AGITARIO

En el primer día del año se manifestará vital y animado. En el segundo desaparecerá el hechizo y volverá a ser usted mismo.

Animadas reuniones y felices recuerdos. Se acordará de su ex y se terminará el ensueño.

Planetas armónicos para lograr objetivos postergados. Su vida por ejemplo.

C

 APRICORNIO

Por una mala maniobra casi atropella con el auto a su suegra. La próxima vez controle que no le falle el acelerador.

Se desatará un combate en su familia por la posesión del control remoto de la TV. Usted creerá que ganó, pero descubrirá azorado que eso que tiene en la mano es el control del aire acondicionado.

Tendrá sexo desenfrenado en una playa de la Patagonia. Lo atacará una manada de lobos marinos machos en celo.

A

 CUARIO

Sus compañeros de la secundaria se reían de usted y le decían gordinflón. Reúnase con ellos para que vean que siguen teniendo razón.

No permita que sus compañeros le digan que se traga la bala. Escúpala y mire si el calibre está permitido por la ANMaC.

Saldrá a pasear en bote por el delta. Conociendo a los de su signo le diría que se va a divertir o no, pero un bagre que pasará cerca del bote le hará recordar a su primera novia.

P

 ISCIS

A usted le encanta hacer asados y tiene una reputación bien ganada entre sus amigos. Le cuesta iniciar el fuego y siempre se quema. Usted es un quemo.

No se deje intimidar por las cosas de la vida diaria. Irá a la farmacia a comprar Rivotril y será detenido por falopero.

Usted tiene un talento particular para las matemáticas. Ahora deje la calculadora de lado y dígame cuanto es 2x3. No, la respuesta no es llueve.

 

(Continuará)